América Latina ha mejorado significativamente en los últimos años en cuanto a la gestión del agua, especialmente en lo referente a la expansión de la cobertura de los servicios. Hoy en día el 94,6% de los latinoamericanos disfrutan de agua potable (89,6% en el 2000); y el 83,1% tienen acceso a fuentes de saneamiento mejoradas (74,7% en el 2000). Sin embargo, el tratamiento de aguas residuales no avanza al mismo ritmo.
El acelerado crecimiento de la urbanización en América Latina ha incrementado el flujo de efluentes residuales en las ciudades. Además, las pequeñas y medianas empresas no suelen contar con la infraestructura ni el desarrollo tecnológico necesario para el tratamiento de sus aguas. Esto, sumado al hecho de que un 40% de los servicios de saneamiento en zonas urbanas no están conectados a sistemas de alcantarillado. Todo ello, supone una enorme carga para el medio ambiente ya que son arrojados directamente a los cuerpos de agua. Solo en el México se estima que el 40 % de las aguas residuales de origen industrial cuenta con los mecanismos para el tratamiento de aguas residuales.






